lunes, 1 de noviembre de 2010


Hoy día domingo, al igual que todos los que podemos, hemos vuelto a ir a Esperanza Latina, una organización que está ubicada en Donostia y en Lasarte y que viene a ser una sede social que les sirve como punto de encuentro en sus ratos de ocio, tanto para latinoamericanos como emigrantes en sí.

Hoy, tal y como en otros días, nos hemos juntado en la escuela a las diez de la mañana, bastantes puntuales he de añadir, y nos hemos dirigido cada grupo a su lugar, tres para Lasarte y tres para Donostia.

Hoy tal y como otros días, hemos ido con la voluntad de ayudar a esas personas, debo especificar cuál es nuestra tarea: somos monitores de ordenador, les enseñamos todo lo que nos pidan. Tarea un tanto difícil, ya que muchos vienen sin saber nada, siquiera encender un ordenador. Pero vienen a aprender, pues quieren comunicarse con sus familias: madres, padres, hermanos, primos y amigos que están en su país o en otro lugar muy lejos, y no pueden comunicarse con ellos si no es por internet, y allí que van, con toda la ilusión de por fin poder hablar con sus seres queridos.

Hoy tal y como en otros domingos, allí estamos ayudando y enseñando, y ellos aprendiendo, pero hoy con la diferencia de algo, algo que estaba allí y que no nos hemos dado cuenta, ellos. Aquellas personas a las que le ayudamos a encender un ordenador, a usar una aplicación, a mandar unas fotos, a… etc. Pero, ¿realmente les hemos ayudado siendo simples monitores? Hoy me he dado cuenta que no, que al igual que ayudarlos debemos escucharlos, escuchar esas historias que nos quieren contar, esos sentimientos que nos quieren expresar, esas aventuras y/o desventuras que han vivido a lo largo de su vida. Hasta ahora escuchábamos sí, pero hoy me he dado cuenta la importancia que le quitábamos a ese hecho, a compartir.

Hoy una a la que enseñaba me conto como se quedo huérfana joven, como se criaron muchos primos y hermanos en una casita, como ahora todos han tenido que irse para buscar trabajo, y como les echaba de menos, la verdad, fue muy bonito que se abriera de esa manera, me llego muy hondo, y espero que sensaciones así, sepa atenderlas mejor, pues si mi intención es ayudarles, primero he de ayudarlos a ellos, y luego enseñarles.

Sin más dilación, me despido, y pido que reflexionemos un rato, sobre algo que casi nadie hace hoy en día, escuchar a las personas, sabemos que están allí, como un alumno más, pero, ¿sabemos realmente quienes son, de donde vienen, o a donde van? No. Y eso es realmente triste, ya que no sabemos qué historias nos pueden contar, que consejos nos pueden dar. Escuchemos, así ayudamos y nos ayudamos a ver que este mundo, con pequeños gestos, se puede hacer un poco más llevadero.